Aquaria ben Laden


Migrar hacia la esperanza (Mordisco 5, migrantes)
11 marzo, 2012, 19:53
Filed under: cómo llegué a..., letra de encargo, ser Aquaria ben Laden

…como anunciado ayer…

He hecho una sorprendente mudanza, del todo súbita, esperada en lo más hondo pero fuera de todo programa. Mudanza como nunca hecha, puesto que deja atrás muebles y maletas en la construcción de un nuevo hogar sin lastres ni confort añadido, sin grandes valijas, con lo puesto y nada más. Traslado de una vida sumisa a una experiencia compartida, traspaso del encierro obligado a la puesta en común, porteando el habitual gris circunstancial hasta la insobornable alegría de lo vivo. Una decisión que salta un abismo de costa a costa sin recorrer grandes distancias, apenas salir a la calle, bajar a la plaza, tomarla en mano, acamparla en todos sus rincones.

Un nuevo hogar. Con tanto techo como estrellas podamos alcanzar. Con las paredes por el lado de afuera. En la calle. Un hogar de plaza y vecindario múltiple. Porque con todas sus contradicciones y sus sinsabores, con toda su sombra e ilusión, con todos sus gatos pardos, sus incomodidades y sus encuentros luminosos, nuestra plaza es hoy casa común, causa compartida, voz inequívoca, denuncia y reclamo, propuesta y plan de cambio.

Y aunque estas reivindicaciones no llegasen muy lejos, aunque todo se quedase limitado a estas plazas, aunque ninguna reforma fuese emprendida y tuviésemos que seguir viviendo bajo un sistema que excluye y aísla y mata –cosa que ya no podrá durar mucho, de todas formas–, ya no perderemos lo que nos ha hecho vibrar, las emociones que nos han unido unas a otras, persona a persona, cara a cara: el saber que no estamos solos, solas, que entre testimonios desoladores y palabras de ánimo, los luchadores de largo recorrido junto a los recién despertados, el desbordante entusiasmo juvenil, la sinceridad desnuda y desesperada y esperanzada de todas y cada uno, que entre todo esto que se vive despellejado hay unos ojos en los que mirarse, un abrazo abierto y tan a gusto, un hombro en el que consolar la rabia, una mano que espera a otra y la tuya y la mía: para construir la justa causa del hombre que decía aquél, sí, pero también y sobre todo para algo mucho más simple, profundo y humano, manos que esperan otras manos para unirse, sentirse desde la punta de los dedos y saberse vivas, cálidas y útiles.

La política no es lo más importante que se está cociendo en plaza del Pilar, en Sol, en la de las Setas, y en otras iguales o tan parecidas. Lo que cuenta, para mí, es que a través de la protesta política, la solidaridad política y la hermandad política, se están tejiendo afectos, reuniendo vivencias, aglutinando convivencias, alimentando querencias, compartiendo amores, soñando juntos.
Ningún resultado electoral, ningún desalojo policial nos hará renunciar a las lágrimas que en estos días destechados, acampados, ciertamente indignados, han dado el brillo de decidida fiereza a nuestra mirada.

No hemos llegado a casa. Hemos salido hacia ella, conscientes de que a cada paso nuestro se aleja ella un paso para allá, como cualquier utopista –incluido Galeano– sabe bien. No buscamos un destino, sino que nos hemos dado una dirección inequívoca. Es más que suficiente: para algun*s de nosotr*s lo es todo. Hemos migrado hacia la esperanza. Sin alquiler, sin hipoteca. Y no hay desahucio posible.

(publicado en Mordisco 5)

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