Aquaria ben Laden


Hubble y el amor trilero

Se encontró con el cielo a sus pies, hecho añicos, incluidas las estrellas que tatuó sobre su piel. Le dijeron que la vida era cruel y que mejor prepararse para lo peor y sus imitaciones, para una felicidad de cartón piedra, un porvenir de pega, unos triunfos de quita y pon. Pero algo en la mirada que cortaba por la fuerza las amarras de su infancia le hizo sospechar (tan negra noche, tal pesadilla, tan inhumana, tal maldición). Comenzó a recoger a escondidas cada planeta caído, cada esquirla de vacío cósmico, cada cometa apagado, toda la astronomía de sus ojos arrasados. Ningún hubble hurgó jamás en sus secretos, y siempre respondió que sí, que estaba bien, como una batalla de vida que perdiese el amor propio. Que sí, que no importaba, que estaba bien. Y ya nadie supo dónde se escondía la bolita de su amor trilero.

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