Aquaria ben Laden


Escribir para conocerse, eso es todo

Un poema, una idea extraordinaria, son accidentes curiosos en la corriente de las palabras.
(1897-1899)

Escribir –para conocerse– y eso es todo.
(1907-1908)

Mediante la mezcla de palabras muy corrientes, el escritor sabe ensanchar el mundo expresado.
No añade ni una palabra ni un objeto, pero transforma un sentimiento vago que yo tengo –(y sin el cual yo no comprendería)– en un dibujo, un hecho articulado.
Hace lo que yo hago en ese mismo momento.
En él, las palabras son más libres que en los demás. Su rendimiento es mayor. A través de él, y gracias a ti, la misma palabra participa en diez combinaciones, aunque él no formule más que una.
En ese hombre está el poder de desunir, y más a menudo, de unir las palabras.
(1911-1912)

Mi manera de mirar las cosas literarias tiene que ver con el trabajo, con los actos, con las condiciones de fabricación , con la especie.
Para mí, una obra no es un ser completo y autosuficiente, — es una piel de animal, una tela de araña, un cascarón o concha abandonada, un capullo. Es el animal y la labor del animal lo que me interroga. ¿Quién ha hecho esto –?– No qué hombre, qué nombre — — sino qué sistema, ni hombre ni nombre, mediante qué modificaciones de sí mismo, en medio de qué medio se ha separado de lo que ha sido durante un tiempo.

(1913)

El hombre mira una imagen y ve una realidad. Mira un dibujo y ve cosas. Mira cosas y ve actos, operaciones posibles. Sólo esa posibilidad da todo su valor a esas cosas vistas.
(1914)

El deseo de originalidad es el padre de todos los préstamos / de todas las imitaciones /. Nada más original, nada más uno que nutrirse de los demás — Pero hay que digerirlos. El león está hecho de cordero asimilado.
(1916)

La importancia de una obra para su autor está en razón de lo imprevisto que le aporta, de él a sí mismo, durante su fabricación.
(1917)

Hojeando los cuadernos de Paul Valéry, en esta edición: Cuadernos 1894-1945, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2007. Ean13: 9788481096842, 24’50€.

 

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[…] todo lo ya publicado en esta entrada anterior sobre los Cuadernos de Valéry, un concienzudo regalo para poetas (y también para fisgones literarios, por qué […]

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