Aquaria ben Laden


la culpa es tuya
5 agosto, 2010, 20:07
Filed under: a escena, cómo llegué a..., letra de encargo, ser Aquaria ben Laden

La culpa es tuya fue el título de una actuación específica ejecutada con (o contra en este caso) Don nadie y zombra, y colaboración de Susana Vacas, en el espacio para el arte de Cajamadrí en Zaragoza, dentro del ciclo de performances Play-La culpa es tuya, allá por enero de 2008.
Le dimos la vuelta al concepto y nos centramos en La culpa es mía. Incluyo el texto y la imagen de presentación: el porqué de una pelota de tenis, para quien no estuvo, se aclarará cuando consiga pasar el vídeo del formato .vob en que lo tengo a un simple .avi o similar.

La culpabilidad, como norma adulta asumida por una sociedad de memoria infantil, tiene extrañas trayectorias. Por un lado, y sin que éste suponga límite definitivo alguno, es capaz de disolverse y filtrarse hasta la disolución vírica e imperceptible con el fin de justificar las más terribles aberraciones de la comunidad sobre semejantes y su entorno. Bien dirigida por los especuladores de la moral que siempre sacan tajada de los primos hermanos que secundan a la culpa (miedo, pánico, remordimiento), es capaz, una vez carcomida la conciencia, de atravesar fronteras cargadas de explosivos, de esquilmar ballenas a ciegas, de declarar guerras sedientas de víctimas y victimismo, de erigirse en ombligo de todo aquello conocido y acallar, suprimir de raíz a cualquier disidente posible. Por este otro lado, cerrando el elástico círculo que encierra una convivencia desesperada, manipulada, enferma de una moral enferma, es capaz de concretarse en infinitos Goldstein y Eichmann y gafes y agoreros y cenizos y aguafiestas y Jonás, al activar, desde el interior de cada ser sometido, mecanismos sociales que apuntan a los miedos más latentes del conjunto.

El individuo, por su parte (y si todavía existe una noción parecida fuera de nuestro vocabulario íntimo), una vez entontecido en un entorno dominado por el continuo espectáculo mediático, erótico y deportivo, no podrá encontrar todas las respuestas que necesita para anular el ritmo incansable, mecánico, con el que llega la culpa para golpear y dejar su huella en la piel, allí donde reside el alma según el decir de algunos poetas. Mientras tanto, los administradores del perdón, los dictadores de la norma, aquellos que señalan a los puros y los limpios de corazón, mantienen sus manos calientes, acercando al resplandor de la culpa ajena el ártico del cáncer de su pecho.

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